El Temple en la Corona de Aragón se establece hacia 1130. La orden recibió de todos los estamentos y por doquier beneficios y privilegios de toda índole. Para explotarlos organizó el territorio en encomiendas de tres tipos: rurales, urbanas y militares. Éstas últimas, por razones obvias, sólo existieron en Tierra Santa y en la Península ibérica.
La actitud dadivosa de nuestros soberanos y, sobre todo, la habilidad política de Ramón Berenguer IV, consiguieron la vinculación templaria a la conquista cristiana. Con ellos se realizaron las grandes campañas del Ebro, el Cinca, el Segre, Mallorca y Valencia. El Temple recibió grandes extensiones de territorio, que defendió, colonizó y administró desde fortalezas estratégicas, que fueron la sede de las encomiendas militares.
Cuando en 1307 el Papa ordenó la detención de los templarios, aquellas fortalezas opusieron tenaz resistencia, especialmente Miravet, Castellote y Monzón, que fueron tomadas tras un largo asedio.